Recomendaciones para disfrutar la Albufera de Valencia

Uno de los placeres de ser guía turístico es poder trabajar en entornos como el de la Albufera. Si estás en València, no dejes de visitarla, puedes llegar en coche por la CV500 o bien puedes ir con el autobús de la EMT Línea 25 que tiene salidas frecuentemente.

Por el camino dejaremos a la izquierda el pueblo de El Saler, llamado así porque aquí se almacenaba y secaba sal, que luego pasaba a formar parte del patrimonio real.

Un poquito más adelante empezamos a ver los campos de arroz que desde el siglo XVII han ido ganando terreno al lago gracias a las especiales condiciones de inundabilidad y la poca profundidad del lago.

Los campos de arroz desde el siglo XVII han ido ganando terreno al lago”

Estos lucen diferentes colores dependiendo del momento del año en que visitemos la zona. En abril y mayo se siembra y deja paso en verano al manto verde que cubre toda la zona.

En septiembre, después de la siega los campos aparecen desnudos esperando a ser inundados en la “perelloná” que va de noviembre a enero.

En este momento se anegan los campos para evitar plagas, el crecimiento de malas hierbas y lavar el terreno de sales. Es en este momento cuando la Albufera recupera su imagen de antaño, su tamaño original aunque podemos seguir viendo las líneas divisorias que forman los tancats”. Estas líneas se levantaban para delimitar los campos de los distintos propietarios, usando la tierra sobrante.

Desde que el parque fue declarado parque natural en 1986 se han implementado medidas para la buena convivencia de estas explotaciones agrícolas y el lago de la Albufera.

El arrozal tiene un alto valor ecológico, industrial y paisajístico. Es un hábitat imprescindible para el funcionamiento ecológico de la Albufera, una actividad económica tradicional y es fuente de alimentación para las aves que cada año visitan el parque.

Un poquito más adelante nos encontramos con la Devesa del Saler, el pulmón de València, de dimensiones reducidas pero altísimo valor ambiental.

Su clima y características peculiares hace que la fauna y flora sea muy diversa, al igual que su paisaje. Encontramos más de 400 especies vegetales distintas entre las cuales se encuentran el lentisco, la siempreviva y los arbustos que abrazan a los pinos para recibir su sombra.

Devesa del Saler

Más adelante ya avistamos el lago, el “estanque tranquilo” de los romanos y la “Albuhaira o pequeño mar” de los árabes.

Su formación se debe al cierre de una bahía, el arrastre de sedimentos del río Turia y Júcar gracias a las corrientes marinas que elevaron una línea de costa artificial que acabó separando el mar de este lago. Hoy ambos están comunicados mediante golas o compuertas que regulan el nivel del agua en el lago.

Gola de Pujol. Imagen de Generalitat Valenciana

En su origen el agua era salada pero gracias a los “ullals” o manantiales de agua dulce que pueblan el lago y al aporte sobre todo del río Júcar que riega esta zona gracias a la red de acequias y canales presentes ya desde época romana y árabe, ésta ha pasado a ser dulce.

Una de las actividades que no podemos dejar de hacer es pasear en barca por el lago en un albuferenc, la barca típica que ya desde antaño transportaba mercancías y personas pues el pueblo del Palmar solo tenía acceso por barca.

Las barcas se impulsaban gracias a las perchas. Hoy se impulsan a motor, aunque siguen ayudándose de la percha para las maniobras.

Albuferenc y percha
Paseo en barca por la Albufera de València

La Albufera es destacada en Europa por la diversidad de aves que cada año la visitan, llegando a contarse 250 especies distintas.

Es uno de los humedales más importantes de Europa y uno de los espacios naturales más representativos de la Comunidad Valenciana. En ella podemos encontrar aves acuáticas, patos, garzas, garcilla cangrejera, charranes y muchas especies consideradas raras o amenazadas a nivel europeo. Además en el lago podemos encontrar el fartet y el samaruc, dos endemismos en peligro de extinción y ahora criados en las reservas del lago.

Ya en época árabe se pescaba en el lago, Jaume I reconoció esta actividad legalmente a partir de 1250 a cambio de una quinta parte para el patrimonio real. Ello llevó a vecinos de Ruzafa a construir barracas para sus aperos de pesca. En la segunda mitad del siglo XVIII los pescadores y sus familias establecieron su residencia en el Palmar, dando lugar al crecimiento del pueblo.

Las casas eran barracas, casas tradicionales de una planta, hechas con materiales del entorno, con dos puertas orientadas este-oeste para airear la estancia, una cocina/salón y dos dormitorios.

En la puerta de levante una parra proporcionaba sombra en verano y sol en invierno. Las de pescadores no tenían planta superior pero las de huerta sí, que servía de almacén y para la cría de gusano de seda.

Esta es la particularidad de este parque natural, ser un ejemplo de la interacción del hombre y la naturaleza ya que en él conviven el cultivo del arroz, el lago y un pueblo, algo poco habitual.

La Albufera es un ejemplo de la interacción del hombre y la naturaleza”

Increíble pensar que este lago fue vendido por el rey Alfonso XIII al Ayuntamiento de València por un valor de 1.000.000 de pesetas (unos 6.000 €) pero gracias a eso, hoy podemos disfrutar de un entorno natural en el que el reloj se para y el silencio da paso al canto de los pájaros que habitan en la zona.

Si el tiempo te lo permite, te recomiendo pasear a la hora del atardecer, las puestas de sol en la Albufera te hacen sentir parte de un cuadro pintado por el mejor de los artistas

Otra forma de visitar la Albufera es recorrerla en bicicleta, es una ruta muy recomendable para poder acercarte de otra forma a la Albufera y disfrutar de su paisaje.

Recorrido en bici por el Palmar y la Albufera

Te recomiendo no irte del Palmar sin probar una paella típica. En su origen eran con pato y aquí puedes probarla, pero cualquier tipo de paella está buenísima y si quieres disfrutar de este plato típico, este es el lugar.

Tradicional paella.

La Albufera es, en resumen, un ejemplo de cómo la simbiosis entre el hombre y la naturaleza aún es posible si existe voluntad y respeto por el entorno que nos rodea, si somos capaces de entender que es nuestra obligación preservar esta joya para las generaciones futuras. Es responsabilidad de todos.


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